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Historia de la conserva (II): Galicia, la puerta de entrada de la industria conservera en España

Por Carlos Doncel en Cultura

En la segunda mitad del siglo XIX, las primeras fábricas conserveras de España se asientan en las rías gallegas. La escasez de sardinas en el Mediterráneo hizo posible que esta técnica llegara a la región.

Galicia tiene una tradición conservera innegable, tanto es así que dicho origen supone un distintivo de calidad en la tipografía de cualquier enlatado. Famosa por sus productos marinos, esta tierra hunde sus raíces económicas y culturales en el comercio de los pescados y moluscos que se capturan en sus costas. Pero en el mundo de la conserva esta región no solo destaca por su materia prima: también fue el primer lugar en España en el que se asentó una industria dedicada a ella.

Se dice que la llegada de la conserva a nuestro país fue un hecho completamente fortuito que se resume en el naufragio, allá por 1840, de un buque francés frente a Finisterre. Lo cierto es que no existen muchas fuentes fiables que avalen esta versión; la mayoría apuntan a la escasez sardinas en el Mediterráneo, y no a un barco varado, como la causa de que esta técnica de preservar alimentos aterrizara en España.

La influencia francesa

Antes de que la conserva atracara en sus rías, los gallegos ya eran una comunidad destacada por sus bienes alimenticios, solo que el mantenimiento de estos se hacía, principalmente, a través de la salazón. Fue la influencia de la Bretaña francesa y de la ciudad de Burdeos, donde el método de Appert ya había comenzado a operar, lo que impulsó a Galicia en el sector conservero propiamente dicho, según apunta Xoán Carmona Badía, catedrático de Historia y Economía por la Universidad de Vigo.

Los franceses aportaron tecnología y mercados. Fueron los principales productores mundiales de conservas de pescado alrededor de 1880, pero la sardina desapareció de sus costas a partir de 1882”, declara Carmona Badía para La Opinión de Vigo. La escasez de este pescadofue el motivo por el que algunos empresarios de Francia acudieron a las costas gallegas y portuguesas en busca de abastecimiento.

Sin embargo, y aunque se tiene constancia de que en Portugal se asentaron con relativa facilidad, en Galicia no gozaron de la misma suerte, y muchos tuvieron que contentarse con “asociarse con algunos de los impulsores de la salazón en las Rías Baixas, haciéndoles más fácil pasar de las salazón a las conserveras siempre y cuando se conservara bajo la marca francesa”, afirma el catedrático. Muchos de estos impulsores de la salazón eran catalanes, nietos de los foráneos que habían llegado a Galicia varias décadas atrás atraídos por el “negocio de la sardina para conseguir mercancías de retorno para los viajes de los barcos que lo traían”.

Los fomentadores de Cataluña

Así fue como los catalanes de la zona terminaron por hacerse autóctonos y por marcar un camino  en la cultura industrial gallega, y es que la conserva en Galicia no podría haberse entendido sin la figura de los fomentadores, quienes dieron lugar a las primeras conserveras marinas de España.

Margarita Vilar Rodríguez, profesora titular de la Universidad de A Coruña en el área de economía, expone en su artículo Éxito y ocaso de una saga de negociantes catalanes en Galicia, que la “inmigración masiva” que recibió el territorio gallego por parte de los catalanes desde mediados del siglo XVIII fue algo “insólito”, ya que se dio la paradoja de que “más de 15.000 mercaderes e industriales se desplazaron a una tierra más atrasada económicamente que la de su lugar de origen para desempeñar sus actividades comerciales”. ¿El motivo? Abastecimiento de productos que, por escasez, no podían conseguir en su comunidad, en especial la sardina.

Vilar Rodríguez explica que estos viajes se producían, en un primer momento, de forma estacional, coincidiendo con las campañas de pesca. Después de un tiempo, estas visitas esporádicas acabaron en un asentamiento propiamente dicho de familias catalanas en la región, lo que supuso una serie de disputas. Así lo explica esta profesora, quien afirma que “las transformaciones introducidas por estos empresarios catalanes tanto en las artes de pesca como en las prácticas empresariales fueron a menudo objeto de rechazo social, tal y como demuestran los abundantes pleitos y conflictos existentes en el período”.

Dichos desacuerdos se encuentran, por ejemplo, en los métodos de pesca que traían consigo. Ángel García Carragal, periodista en Diario de Pontevedra, lo explica así: “Con el paso de los años la industria salazonera crece y se necesitan mayores capturas para aprovisionar los almacenes, con lo cual empiezan a aplicar los métodos de pesca que traían consigo, como la xábega, -pesca por arrastre- que ocasionó no pocos conflictos entre los pescadores, puesto que unos estaban a favor de este arte y otros en contra. Y en medio de tanto enfrentamiento surgían una planta tras otra de salazón pueblo a pueblo en la Galicia costera”.

Fue, precisamente, esta visión que trajeron consigo los catalanes sobre la explotación y el  comercio de la pesca lo que les hizo ser bautizados con el nombre de fomentadores, y es que, independientemente de los más y los menos que se generaran, “no cabe duda de que su llegada supuso un auténtico estímulo desde muchos puntos de vista para la estructura económica de Galicia”, apunta Vilar Rodríguez. Pero, ¿quiénes fueron estas familias?

Las primeras conservas marinas: Curbera y Goday

Según avala el catedrático Xoán Carmona en la citada entrevista, “las propias fábricas, dejando de lado los antecedentes de carácter artesanal, se puede decir que comenzaron con la instalación de Curbera en la playa de Arealonga en Redondela en 1863 y de Goday en la Illa de Arousa en 1879”. Estas fueron las primeras en empacar productos del mar, porque ya en 1850 la empresa Caamaño, situada en Noia, producía conservas, solo que estas eran de perdices y pichones, tal y como apunta El Faro de Vigo.

La familia Curbera se había asentado en la ciudad de Vigo. El primer nombre destacado de esta saga es el de Agustín Curbera Pascual, quien, además de fomentador de pesca y salazón, se convirtió en el capitán del bergantín La Perla, buque que, más allá de servir como medio de comercio, fue en los años siguientes “uno de los primeros armadores dedicados al transporte de emigrantes a Cuba y Puerto Rico desde puertos gallegos”, según apunta el libro Las familias de la conserva. Agustín deja como legado a una mujer y cuatro hombres (Francisco, José Ramón, Víctor y Agustín), estos últimos encargados de perpetuar la tradición familiar a través de la creación de la sociedad Curbera Hermanos.

Francisco y Víctor Curbera Puig fueron un paso más allá de mantener el negocio familiar, ya que, en 1861, solo un año después de fundar la sociedad, crearon la primera fábrica de conserva hermética de las Rías Baixas en Arealonga, que “tenía un carácter muy artesanal”. Y tan importante era el trabajo manual en la producción, que terminó por no resultar rentable, por lo que se vieron abocados al cierre en 1877. Aunque estos hermanos no se rindieron, y a este cierre le siguieron otros dos intentos de levantar la industria que también acabaron mal: uno por parte de Agustín Curbera Puig y otro, de nuevo, por parte de Víctor.

No obstante, y mientras que estos se concentraban en la tarea de mantener una fábrica de conservas, el cuarto hermano, José Ramón, había cosechado una fortuna dedicándose íntegramente al “comercio mayorista de bacalao y de productos coloniales como el cacao o el azúcar, que distribuía a su vez hacia los puertos cantábricos”, según apunta el libro Las familias de la conserva. Fue el menor de esta saga quien salvó la compañía, que recayó en las manos de sus dos hijos José y Julio Curbera Fernández, y de su sobrino Guillermo Curbera Tapias (hijo de Francisco). Y con esta cuarta generación de la familia por fin llegó la época de oro de la industria conservera.

La otra gran protagonista es la familia Goday, cuyo fundador fue Juan Goday Gual, que pertenecía a la tercera generación de una familia catalana afincada en Galicia desde hacía años, ya que su abuelo Manuel Goday Roura regentaba una fábrica de salazón desde 1802. Una empresa que en 1814 ocupaba “el segundo puesto entre los exportadores de sardina salada a Cataluña desde la ría de Arousa”, según relata Las familias de la conserva. Tras la muerte de Goday Roura, Juan Goday Llauger siguió con el negocio, pero fue su hijo, Juan Goday Gual, el que revolucionó la conserva.

Fábrica de Goday. Imagen perteneciente al libro Las familias de la conserva. El sector de las conservas de pescados a través de sus sagas familiares” (Coordinación Xoán Carmona Badía). FUNPROMAR – MUSEO ABFACO, Vigo (2011)  

No fue hasta 1879, y “tras un viaje a Francia, donde conoció el llamado «método Nantes» -que consistía en freír la sardina antes de ser enlatada y esterilizada”, cuando Juan Goday Gual inauguró la primera fábrica de conservas en la Illa de Arousa, según informa La Voz de Galicia. Esta planta “fue visitada en 1881 por el rey Alfonso XII y Goday acabaría convirtiéndose en proveedor real”, refiere el artículo, que hace hincapié en la notoriedad que dicha industria consiguió.

Goday Gual, según apunta Las familias de la conserva, “trajo a un experto hojalatero francés, que formó a un grupo de soldadores de la ría”. Este hombre venía de trabajar en conserveras francesas, por lo que esto ayudó a un avance considerable con respecto a las demás. Aunque, si por algo se diferenció este empresario es porque implementó la máquina de vapor en el proceso de fritura de las sardinas en 1883, algo que lo posicionó muy por encima de la competencia. Así, la industria de la conserva se popularizó, desarrolló y mejoró en el norte a la misma vez que se extendía por toda España con la suma de nuevas familias emprendedoras. Una actividad que, en nuestros días, tiene más de 125 años de historia y que, como todo, ha ido variando con el tiempo. Según relata Xoán Carmona, este sector ha pasado de una producción artesanal a la mecanización y de un dominio de la sardina, al del atún. Sin embargo, la transformación más trascendental fue la del mercado, ya que, en los inicios, casi todo era para exportación, y no fue sino hasta el franquismo cuando se asienta la comercialización a nivel nacional.

No te pierdas los capítulos de nuestra serie sobre la Historia de la Conserva:

Foto de portada: Portada de un listado de precios de la Cas Curbera (año 1910). Imagen perteneciente al libro “Las familias de la conserva. El sector de las conservas de pescados a través de sus sagas familiares” (Coordinación Xoán Carmona Badía). FUNPROMAR – MUSEO ANFACO, Vigo (2011).